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martes, 2 de diciembre de 2008

LOS PIRINEOS - Leyenda-

(En especial, para mi amigo Bowman)



Al menos existen tres historias que relatan cómo se formaron los montes Pirineos y en ellas se mezclan de modo sorprendente distintos argumentos, a cada cual más extraño. La única versión cierta, es que los Pirineos se formaron, cuando la placa tectónica africana empujó la base continental euroasiática: éste es el origen de los Alpes, de la Cordillera Cantábrica y, también, de la Cordillera Pirenaica.



Sin embargo, una explicación tan prosaica no convence a todos y hay quién afirma que en la formación de estos montes tuvo mucho que ver el mismísimo Hércules:

Se dice que en la antigua región de Narbona vivía el rey Bébrice, el cual tenía una hermosa hija llamada Pirene. La fama de la belleza de Pirene se había extendido por el mundo y desde los más remotos lugares llegaban a Narbona príncipes y pretendientes que deseaban tomarla por esposa. Acertó a pasar por allí Hérules: andaba éste persiguiendo a los Geríones con los cuales tuvo enconada guerra durante muchos años.



Estándo en el palacio del rey Bébrice, también Hércules pudo admirar la singular hermosura de Pirene, y quedó prendado de ella. La joven Pirene, ingenua y dulce como era, cayó rendida en brazos del héroe, puesto que desde hacía mucho conocía su historia, su fortaleza, su sagacidad y su buen corazón. Al cabo, Hércules tuvo que partir pero la joven Pirene decubrió que estaba esperando un hijo del semidiós. Pasados nueve meses, Pirene alumbró una serpiente y todos en el palacio quedaron horrorizados. Pirene fue expulsada de la casa de su padre y ella misma, sobrecogida por aquel parto repugnante, se echó al monte desesperada.

Lloraba la joven su suerte y no deseaba para sí más que la muerte. No tardó en ocurrir: caminaba triste y sin consuelo por el monte cuando unas fieras salvajes la atacaron y la devoraron, esparciendo sus restos por las agrestes selvas.


No pudo Hércules olvidar a su amada y al cabo del tiempo volvió a Narbone: allí le contaron lo sucedido y lo expulsaron de la ciudad, pues había seducido a la princesa y la había convertido en la madre de un monstruo. Entristecido, Hércules encontró los huesos de la hermosa Pirene extendidos por el monte y quiso darle sepultura. Con sus prodigiosos brazos tomó muchas rocas y las fue apilando a lo largo de aquellas sierras, pero ni el esfuerzo ni el paso del tiempo mitigaron el dolor en su corazón, ni pudo olvidar la dulzura de su amada. De modo que continuó durante muchos años apilando enormes rocas en aquel lugar, construyendo de este modo la más inmensa tumba que pudiera imaginarse. Y al fin, cuando Hércules tuvo en paz su alma vio que había elevado el túmulo de Pirene hasta mas allá de las nubes, y que en los lugares más altos había nieves perpetuas... Desde entonces aquellas montañas se llaman Pirineos, en honor de la princesa que amó a Hércules.




Eva María

domingo, 16 de noviembre de 2008

La Sensualidad Natural...

Bueno, hoy quiero ofreceros algo que encontré, me resultó curioso, y me dije ¿la naturaleza también? Parece que este tema, está en todas partes y sino a ver que opinais!!! jajaja

Espero que os resulte curioso y gracioso, al menos para mi si que lo fue...















































Jajaja, ¡que no se me desmadre nadie!!! y perdonad el atrevimiento... jajaja

sábado, 27 de septiembre de 2008

"La Mujer Muerta" - Leyenda -

Este escrito es especial para mi, porque durante muchos años, camino de la "Granja de San Ildefonso", (Segovia), lugar que visito muy amenudo, miraba hacia las montañas a "La Mujer Muerta", esta es una de las leyendas que esconde esta maravilla que se contempla. Imagino que muchos sabreis de lo que hablo, sobre todo los que vivimos cerca de ella, como los madrileños o los castellanos. Espero que os guste, y en especial a un madrileño que nunco oyó hablar de ello...
Mitología, Leyendas Tradicionales. La Mujer Muerta.

Las colecciones de mitología griega y romana describen con bastante minuciosidad las aventuras de Hércules, el semidiós hijo de Zeus y la mortal Alcmena. A pesar de ello, el héroe griego llevó a cabo muchas gestas que no aparecen en los libros pero que han quedado en el recuerdo de los pueblos. Se sabe, por ejemplo, que Hércules vivió en la Península Ibérica durante muchos años y que conoció las costas gaditanas, que fundó la ciudad de La Coruña y que, según crónicas antiquísimas, fue él quien construyó el acueducto de Segovia (aunque esto último es bastante poco probable). Sin embargo, otros muchos trabajos de Hércules han permanecido ocultos por el paso de los siglos y sólo pueden rescatarse en la memoria popular.

A una de estas hazañas se refiere la leyenda de la mujer muerta.

Hace muchos, muchos años, vivía en las estribaciones de las montañas un rey. Cierto que su reino era pequeño y que sus soldados nunca se atrevieron a cruzar los montes cercanos. El rey tenía una hija, muy hermosa y dulce, que era el placer de sus días. Con el discurrir del tiempo, la princesa llegó a tener edad casadera, pero el rey temía el momento en que un caballero le pidiera la mano de su hija. Ella era todo cuanto tenía y todo cuanto amaba, y la sola idea de perderla le hacía enloquecer.

Cierto día se hallaban las doncellas de la corte bañándose en el río, que bajaba limpio y fresco de las montañas, cuando apareció un caballero fuerte y galante como nunca se viera. Junto a él estaba un hombre gigantesco noble aunque rudo, con un bastón el la mano. El acompañante era Hércules, que al poco fundaría la ciudad de Segovia y construiría el acueducto con que servir de agua a todos los habitantes.

Aterradas ante esta visita inesperada, las doncellas corrieron asustadas hacia el palacio… pero la princesa salió del agua y, cubriéndose con un lienzo blanquísimo, preguntó a los dos hombres quienes eran y que venían a hacer a ese lugar. Los dos hombres respondieron con sobriedad:

- Hemos de fundar una ciudad.

Al poco llegaron los soldados del rey, que habían sido avisados por las doncellas, pero Hércules les hizo frente y los esbirros pronto adivinaron que no podrían nada contra él. Volvieron todos atemorizados al palacio e informaron al rey de la fuerza sobrenatural de aquel hombre. Viendo que era inútil luchar contra el destino, el rey los hizo llamar y los hospedó en su castillo sin exigirles nada y tratándolos del mejor modo posible.

Durante la cena, el caballero se levantó y con voz profunda dijo:

- Señor, os pido la mano de vuestra hija, la princesa.

Bien hubiera querido el rey mandarlo ahorcar en aquel mismo instante, pero la presencia de Hércules lo atemorizaba y, apartando de sí el plato en que comía, hizo un leve gesto de asentimiento.

Quedaron las cosas así y a la mañana siguiente el caballero y Hércules partieron hacia la llenura, donde debían fundar una nueva ciudad.

- Al cabo de siete días – había dicho el caballero – estaré de vuelta y tomaré por esposa a la princesa.

El rey no podía sufrir esa insolencia, pero aún menos lograba soportar el dolor de alejarse de su hija. “¡Usurpador! ¡Maldito usurpador! ¡Nadie me robará a mi hija, nadie robará mi reino!”, decía el monarca para sí, incontinente de rabia. Tres días habían pasado cuando, una noche, el rey tomó a su hija y se encaminó a los bosques de la montaña. Allí entre los pinos albares, la maleza y las fieras del monte, clavó el puñal homicida en el corazón de su propia hija, que cayó muerta sin remedio. Loco y desesperado, aterrorizado por su propia infamia, el rey lloró largamente sobre el cuerpo inerte de la princesa y, cuando el sol comenzaba a despuntar, volvió al castillo.

El monarca se encerró en sus aposentos, cerró con llave las cámaras reales y ordenó que por nada del mundo se le molestara no se llamara a su puerta. Allí permaneció solo y comido por las angustias de los remordimientos. Y al tercer día, murió de pesar.

Al cabo, volvieron el caballero y Hércules, y encontraron que todos los habitantes del castillo guardaban luto riguroso. Interrogaron a un porquero y quisieron saber la causa de aquel dolor. El aldeano les dije que la princesa había desaparecido una noche y que el rey, no pudiendo soportar su ausencia, se había muerto de pena.

La amargura oscureció el rostro del caballero y, desolado y triste, quiso volver a aquel remanso del río donde viera por vez primera a su dama. Más, cuando quiso alejarse un tanto para sufrir en soledad tan terrible pérdida, descubrió el cadáver de su amada. Allí estaba la princesa, con las manos enlazadas sobre su pecho herido, mas con el mismo dulce semblante con que la recordaba.

- ¡Hércules, Hércules! – gritó desesperado -. Ven, Hércules, amigo mío. Ven y mira lo que pueden las pasiones de los hombres. Yo he de irme y al lugar donde voy no podrás acompañarme; mas te pido, por nuestra sagrada amistad, que subas a estas montañas y esculpas en ellas la figura de la princesa.

Y diciendo esto, se internó en el bosque y no se supo más de él.

Hércules cumplió el encargo de su amigo y durante años estuvo trabajando en la cima de aquellas cumbres, con el fin de darle la figura de la princesa muerta. Y lo hizo con tanta maña y buena fortuna que, desde Segovia, mirando a la sierra, puede verse el perfil de la princesa recostada y con las manos en el pecho. Aún causa asombro entre los forasteros la vista imponente de la Mujer Muerta: las cimas de la Pinareja y Montón de Trigo, de 2.000 metros de altitud, son parte de esa maravilla natural, esculpida por Hércules en memoria de aquella princesa asesinada por su propio padre.


Eva María.

miércoles, 30 de julio de 2008

Con Mis.... Cumplidas.


Bueno, después de mi ausencia, por tres días,vuelvo con vosotros. Estuve en el sitio donde mejor me siento, donde parece que todo es distinto, donde consigo la calma que necesito, en mi mar, algo que cada año que pasa estoy más convencida de que para mi es una necesidad.

Sentarme frente a el, oír su sonido, empaparme de su belleza, de su movimiento, de su olor, es algo que cada día necesito más, antes necesitaba meterme en el, ahora ni eso, puedo sentirlo sin esa necesidad, observandole con timidez desde un rincón, sigo sintiéndole igual o más.

Esa sensación de perderme en el vacío, como si mi mente me hablara en silencio, de todo lo que me rodea, de lo que me preocupa, de lo que quiero... me hace recordar lo más hermoso de la gente a la que quiero, de soñar con ellos, con ellas, y dejar de odiar a los que se portaron mal, viendo que no merece la pena ni el más mínimo pensamiento, ¡es alucinante! no se si os pasa, pero a mi esta sensación de calma, de reflexión, de plena felicidad interna, sólo me sucede a los pies de mi mar, sentadita, mirándole y escuchándole.

Vuelvo a redil, os aseguro que los aproveché al máximo, y era lo que más necesitaba en estos momentos, miento si digo que me vine con ganas, pero aquí dicen que me necesitan más, y eso también es importante. Espero esta vez que por unos días no me toque, defenderme de nadie que vaya con malas intenciones, está claro que por estos lugares, nadie obliga a nadie, sino gusta ya se sabe lo que hay que hacer... por este o por cualquier blog, y que cada uno lo utilice para lo que quiera, eso depende de la persona y de como sea, eso no se puede cambiar.

Yo seguiré, encantada con lo que escribís, pero sobre todo con lo que me trasmitís, y ese cariño tan especial que me aportáis, ¡sois geniales!!! besos a todos.

martes, 10 de junio de 2008

Recuerdos... Memoria


El Recuerdo, la Memoria, ¿con cuál nos quedamos?, dos palabras que muchos consideran que llevan a lo mismo,otros que son semejantes pero su significado no es el mismo.


Como puede el recuerdo sumirte en un estado tan placentero, tan reconfortante y en cambio otras veces ser lo más doloroso que puedas sentir. Parece que tu memoria no te deja olvidar esos momentos, en los que viviste algo maravilloso y, que con el paso del tiempo parece aún mejor, se ven menos lo defectos, las carencias, hace que todo sea más perfecto, pero que seguro, que si tuviésemos unas hojas escritas por nosotros mismos de eso, que recordamos tan maravilloso, escrito en esos días, lo viéramos bonito, pero no tan perfecto, las huellas del tiempo acaban siendo irreales, o quizás nuestra mente quiere o necesita verlo así.


En cambio con lo malo… parece que lo estés viviendo en esos momentos, tu memoria no te perdona, tus recuerdos parecen no dejarte escapar, quizás si no eres fuerte, o capaz de no tener esa memoria tan inmensa, cada día lo veas peor, ¿por no saber utilizarla? ¿por no saber vencerla? O más bien pienso yo, por no saber sacar partido de ella.

Cómo el estado de ánimo o la situación hace que tus recuerdos vuelvan a ti, añorando lo bueno, y maltratándote por lo malo, como se podría controlar todo eso, para utilizarlo a nuestro favor, para que nos diera fuerza y nunca nos la quitara.

Yo quiero quedarme con mi buena memoria, porque sé que soy capaz de utilizarla para bien, para sacar a mi día de hoy, mis buenos recuerdos…, mis buenos momentos...

Quiero recordarte siempre, como vienes a besar mis pies, como vas subiendo por mi cuerpo según me voy acercando más a ti, Mar, cuanto te quiero, que buenos momentos tengo contigo, una vez quisiste llenarme de ti, para calmarme por siempre, pero aún así, sigo deseándote y recordándote cada día, esas noches sentada frente a ti, hablándote, escuchándote, haciéndome sentir la mayor paz, el mayor sosiego. Esos días compartidos contigo, que me has dado tanta serenidad, felicidad y me has enseñado tus encantos, me dejaste conocerte, por eso te aprecio, por eso te quiero.

Quiero los recuerdos que vienen a mi memoria, de esos largos paseos por ti, que a pesar del frío levantaba mi rostro para mirarte, para sentirme pequeñita a tus pies, y envolverme con tus susurros, tus abrazos y tu manto que tapaba mi sol, Bosque querido de mi refugio, de mi soledad más buscada, de mi curiosidad deseada, por mirarte, por ver todo lo que habita en ti… eres maravilloso, la mayor vida que jamás vi.

Y tú, que de repente me tienes lo más alta, como que me dejas caer con toda la suavidad, a lo más profundo, me elevas para que sienta que soy lo mejor, que todo lo tengo al alcance de mi mano, para observar tu belleza y si cierro los ojos y te dejo, me deslizas con la mayor dulzura, hasta lo más interior tuyo, para que sea solo para ti, para que exclusivamente mis ojos, te vean a ti, mis Montañas inmensas de rincones, donde consigo apreciar tu fuerza a través de esas venas llenas de agua, de vida, de encanto, donde nosotros te las ponemos nombres para no olvidarlas. Brusca sensación dais a mis ojos, pero que inolvidable recuerdo, lo humilde de sentirse lo mas grande y visto, a cerrar los ojos y casi no existir.

No consigo entender como hay personas que son incapaces de tener esta clase de sensaciones con la naturaleza, con lo más bello que tenemos, lo más valioso, el sólo pensar que con ella podríamos sobrevivir, sobrando todo lo que tenemos hoy día, mas vale para creerla, para saber que es lo más preciado, lo que menos cuidamos, somos humanos y parece que la vida nos grita siempre un error que cometemos diariamente, hasta con nosotros mismos, lo bello, lo de valor, lo fácil, parece que como ya lo tenemos, no lo cuidamos, no pensamos que lo vamos a perder, en cambio, siempre andamos luchando, por lo que nos ponen difícil, o no nos corresponde, y al final no tiene ni valor, y es con lo que nos quedamos, ¿aprenderemos a elegir bien algún día?.
Eva María.