

Calidez, Reflexión, Serenidad, cada noche me invita...


Todos nosotros hemos sido niños, hemos vivido la adolescencia y ahora en su gran mayoría somos adultos. Nos damos cuenta que no pensamos ni actuamos igual, ante cada una de las situaciones y edades. Quizás lo que más nos sorprenda de nosotros mismos, al analizar el paso de los años, es como podemos cambiar nuestra manera de pensar, hasta el extremo contrario, dependiendo de la edad que se tenga, los intereses y ser padres o no.
En cambio, hace unos días hablando con una niña, mujer ya para muchos, de 21 años, me di cuenta de que para mi ahora lo lógico es, que los padres tienen que ser padres, los amigos que se busquen fuera de casa. Se que es un tema complicado, pero quizás por ser padres no se tiene porque dejar de escuchar o entender a los más jóvenes, pero eso si, sin dejar de ser padres. Una frase que se me quedó marcada hace muchos años ya, de una mujer que admiraba, era esa, yo soy madre los amigos los buscas en la calle, me quedé bastante pensativa, y me venían muchas cosas a la cabeza, pero hoy la entiendo perfectamente, el papel de padres, sólo pueden hacerlo estos, y deben hacerlo, cosa que hoy día creo que está demasiado perdida esta acción.

Eva María

...Sólo deciros, qué ya en estas fechas... elegir bien los regalos y lo que escribís!!! jejeje, espero que os saque la sonrisa...





(En especial, para mi amigo Bowman)
Al menos existen tres historias que relatan cómo se formaron los montes Pirineos y en ellas se mezclan de modo sorprendente distintos argumentos, a cada cual más extraño. La única versión cierta, es que los Pirineos se formaron, cuando la placa tectónica africana empujó la base continental euroasiática: éste es el origen de los Alpes, de la Cordillera Cantábrica y, también, de la Cordillera Pirenaica.
Sin embargo, una explicación tan prosaica no convence a todos y hay quién afirma que en la formación de estos montes tuvo mucho que ver el mismísimo Hércules:
Se dice que en la antigua región de Narbona vivía el rey Bébrice, el cual tenía una hermosa hija llamada Pirene. La fama de la belleza de Pirene se había extendido por el mundo y desde los más remotos lugares llegaban a Narbona príncipes y pretendientes que deseaban tomarla por esposa. Acertó a pasar por allí Hérules: andaba éste persiguiendo a los Geríones con los cuales tuvo enconada guerra durante muchos años.
Estándo en el palacio del rey Bébrice, también Hércules pudo admirar la singular hermosura de Pirene, y quedó prendado de ella. La joven Pirene, ingenua y dulce como era, cayó rendida en brazos del héroe, puesto que desde hacía mucho conocía su historia, su fortaleza, su sagacidad y su buen corazón. Al cabo, Hércules tuvo que partir pero la joven Pirene decubrió que estaba esperando un hijo del semidiós. Pasados nueve meses, Pirene alumbró una serpiente y todos en el palacio quedaron horrorizados. Pirene fue expulsada de la casa de su padre y ella misma, sobrecogida por aquel parto repugnante, se echó al monte desesperada.
Lloraba la joven su suerte y no deseaba para sí más que la muerte. No tardó en ocurrir: caminaba triste y sin consuelo por el monte cuando unas fieras salvajes la atacaron y la devoraron, esparciendo sus restos por las agrestes selvas.
No pudo Hércules olvidar a su amada y al cabo del tiempo volvió a Narbone: allí le contaron lo sucedido y lo expulsaron de la ciudad, pues había seducido a la princesa y la había convertido en la madre de un monstruo. Entristecido, Hércules encontró los huesos de la hermosa Pirene extendidos por el monte y quiso darle sepultura. Con sus prodigiosos brazos tomó muchas rocas y las fue apilando a lo largo de aquellas sierras, pero ni el esfuerzo ni el paso del tiempo mitigaron el dolor en su corazón, ni pudo olvidar la dulzura de su amada. De modo que continuó durante muchos años apilando enormes rocas en aquel lugar, construyendo de este modo la más inmensa tumba que pudiera imaginarse. Y al fin, cuando Hércules tuvo en paz su alma vio que había elevado el túmulo de Pirene hasta mas allá de las nubes, y que en los lugares más altos había nieves perpetuas... Desde entonces aquellas montañas se llaman Pirineos, en honor de la princesa que amó a Hércules.
Eva María
Bueno, hoy quiero ofreceros algo que encontré, me resultó curioso, y me dije ¿la naturaleza también? Parece que este tema, está en todas partes y sino a ver que opinais!!! jajaja
Espero que os resulte curioso y gracioso, al menos para mi si que lo fue...






















Jajaja, ¡que no se me desmadre nadie!!! y perdonad el atrevimiento... jajaja